jueves, 30 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Yukio Mishima.

Las mujeres: burbujas de jabón; el dinero: burbujas de jabón; la fama: burbujas de jabón. Los reflejos sobre las burbujas de jabón son el mundo en el que vivimos.

Yukio Mishima


miércoles, 29 de abril de 2015

Catálogo editorial.

Os dejo por aquí las páginas del catálogo de mi editorial (Penguin Random House) en las que se habla de mi nueva novela Las puertas del paraíso



Serie escritores con gato. Anne Rice.

La gente que cesa de creer en Dios o en la bondad todavía suele creer en el demonio. No sé por qué. O sí lo sé: la maldad es siempre posible, la bondad es una dificultad eterna.

Anne Rice

Prince Oberon con su humana Anne Rice

martes, 28 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Terry Pratchett.

Sesión doble de la serie escritores con gato para homenajear a Terry Pratchett (hoy sería su cumpleaños), que nos dejó el pasado 12 de marzo. Su editor, Larry Finlay, lo anunció así: “ha muerto en su casa, con su gato durmiendo en la cama y rodeado de su familia”.



Serie escritores con gato. Francisco Umbral.

Los hallazgos de Darwin, resumidos, vienen a decir que, después de cinco mil millones de años de evolución, y dejando atrás al chimpancé por un pelo, el hombre ha venido a dar en dependiente de zapatería, limpiaparabrisas o funcionario.

Francisco Umbral




lunes, 27 de abril de 2015

Nerea Riesco, ¿hecha de talento?

Hechos de talento surge con la idea de reconocer públicamente a todos esos españoles que contribuyen, desde el anonimato a mejorar la reputación, el desarrollo y la imagen de nuestro país.

España está perdiendo prestigio mundial y no debemos olvidar que nuestro país ha sido cuna de talentos, hasta el punto de que hoy día existe una cantidad de profesionales anónimos, que están consiguiendo grandes éxitos en distintas disciplinas, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.


Por ello, Clear Channel, la escuela de marketing y negocios ESIC y una serie de compañías de medios y grupos de comunicación, se unen para dar relevancia a estos españoles, mediante una serie de acciones que van a dotar a estas personas de gran visibilidad y presencia en los espacios informativos.

Este proyecto, además de garantizar la visibilidad y la exposición pública de las personas seleccionadas, pretende contrarrestar el enorme peso que actualmente ocupan todos aquellos que con sus malas prácticas, contribuyen a lo contrario de lo que demuestran nuestros “Talentos”.

La naturaleza abierta y colaborativa de este proyecto facilita la participación de aquellas personas, empresas, colectivos o instituciones, para convertirlas en la imagen mundial del talento español.

Sin duda, es el momento perfecto para recordar al mundo que España, es un país hecho de talento.

Alguien ha considerado que soy buena candidata para convertirme en una española hecha de talento. ¿Me votáis?



Serie escritores con gato. Miriam Palma Ceballos.

A este lado del espejo,
la sonrisa de mi gata.
Y esas miradas
en las que a veces buceo
convirtiéndome, por fin,
en un animal que no comprende.

Miriam Palma Ceballos

Tara con su humana Miriam Palma

sábado, 25 de abril de 2015

Primer capítulo de Las puertas del paraíso.

Quiero compartir con vosotros el primer capítulo de mi nueva novela Las puertas del paraíso.



Estará a la venta en las librerías el próximo 7 de mayo.

También os dejo por aquí el booktráiler. Espero que lo disfrutéis.


jueves, 23 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Georges Perec.

Durante mucho tiempo, me acosté por escrito.

Georges Perec



Timbre de Perec con su gato

miércoles, 22 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Edward Gorey.

(Sobre los gatos) Llevan esas vidas misteriosas, que sólo están medio conectadas a la tuya.

Edward Gorey


Autorretrato de Gorey

martes, 21 de abril de 2015

Máster en Narrativa y Creación Literaria en la UPO.

Ya está abierta la preinscripción del Máster en Narrativa y Creación Literaria del que seré profesora. Mi módulo: La Creación del bestseller.



Para más información:
http://www.upo.es/postgrado/Master-Narrativa-Creacion-Literaria?opcion=

Serie escritores con gato. Muriel Spark.

El arte y la religión primero, después la filosofía, al final la ciencia. Este es el orden de los grandes temas de la vida.

Muriel Spark


lunes, 20 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Don DeLillo.

El lenguaje de mis libros me ha formado como hombre.

Don DeLillo



domingo, 19 de abril de 2015

Morir es relativo.

Dice Woody Allen, con esa fina ironía que le suele caracterizar…
No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda. 

En el último “Pasen y lean” nos acompañó un viejo conocido, Eduardo Cruz Acillona, que ya estuvo con nosotros la temporada pasada presentándonos su libro de microrrelatos El final está cerca. También tiene en el mercado la novela Cuñados anónimos —en colaboración con Miguel Baquero—así como dos libros de monólogos de humor: Más claro, agua y Mejorando lo presente.
Algunos de sus relatos han sido publicados en varias antologías y traducidos al francés por las universidades de Poitiers y Lyon.
Es colaborador de la revista Literaturas.com.
Hoy visita nuestros estudios para presentarnos su último trabajo recién sacado del horno. Un trabajo escrito a cuatro manos, en colaboración con Miguel Baquero. Morir es relativo.

Sinopsis:

Miranda del Campo es un pueblo catalogado como “municipio muy conflictivo”. Además de su alto índice de criminalidad, en él suceden continuos fenómenos extraños, misteriosos, casi paranormales a los que la población, no obstante, ya lleva tiempo acostumbrada.
Allí llega el nuevo comisario, Julio Ballesta, dispuesto a adornar su hoja de servicio con los méritos suficientes que le permitan aspirar a dirigir alguna de las grandes comisarías del sur y cumplir su sueño: liarse a tiros contra las mafias de medio mundo.
Lo primero que se encuentra en su nuevo despacho es una caja que contiene gran cantidad de informes de casos que nunca pudieron ser resueltos. Él cree que esa caja será la llave que le abra las puertas de su ansiado destino. Pero, como ya les sucedió a los comisarios que le precedieron en el cargo, es más que posible que se equivoque.

Si quieres saber lo que Eduardo Cruz nos contó sobre su nuevo trabajo...


jueves, 16 de abril de 2015

Serie escritores con gato. William Burroughs.

Después de echar un vistazo a este planeta, un visitante de otro mundo diría: “Quiero ver al mánager”.

William Burroughs


miércoles, 15 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Barbara Pym.

Empecé a entender el porqué la gente podía necesitar beber para encubrir desconciertos y recordé muchas pesadísimas ceremonias religiosas que podrían haber mejorado si a alguien se le hubiera ocurrido abrir una botella de vino.

Barbara Pym


martes, 14 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Hermann Hesse.

Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos.

Hermann Hesse


lunes, 13 de abril de 2015

Serie escritores con gato. W. H. Auden.

 La muerte es el sonido de un trueno lejano en un picnic.

W. H. Auden


domingo, 12 de abril de 2015

Booktrailer de mi nueva novela: Las puertas del paraíso

Me siento orgullosa de presentaros el booktrailer de mi nueva novela que lleva por título Las puertas del paraíso en la que se habla de la fascinante historia de un hombre y una mujer que se amaron por encima de credos y fronteras en una época marcada por la intolerancia y el afán de conquista.

Sinopsis:

1482. Yago es un muchacho ciego que, junto con su padre, se une a la Corte que los Reyes Católicos, inmersos en su cruzada contra los infieles. Se han instalado en Sevilla y la cocina de los Reales Alcázares se convierte en su mundo, un presente gris y monótono del que el joven escapa con los ojos de la imaginación. El azar lo llevará a descubrir su verdadera vocación: la música. Pero no todo es amable a su alrededor: Oreste Olivoni, el despótico encargado de las obras del palacio real, siente una profunda animadversión hacia él y hacia su padre y no duda en ejercer su influencia para hacerles la vida insoportable. 

Mientras Yago avanza hacia la madurez, los Reyes Católicos prosiguen con su afán de Reconquista. La captura del rey Boabdil supondrá un cambio importante en la vida del joven músico. Al lado del Sultán de Granada, Yago descubre la existencia de otro mundo más allá de las fronteras del reino cristiano, lejos de la terrible amenaza de la Inquisición. Quizás en él se encuentre la verdadera felicidad. Toma la decisión de refugiarse allí, en los sensuales jardines del harén, abiertos para él debido a su condición de invidente donde conoce a Nur, la rebelde y bella hermana de Boabdil. Entre ambos surge una atracción incontrolable, arrolladora e incomprendida por todos, pero destinada a perdurar por encima del odio que enfrenta a ambos pueblos.

Una novela que recrea espléndidamente las contradicciones de una guerra en la que se mataba en nombre de Dios. Una historia inolvidable que nos demuestra que el amor posee más fuerza que el odio o la venganza, y es la única llave capaz de abrir las puertas del auténtico paraíso. 


sábado, 11 de abril de 2015

Pasen y lean entrevista a Israel Álvarez Bejarano

Ya tenía ganas de reencontrarme con los oyentes de Pasen y lean tras el pequeño paréntesis de la Semana Santa. Espero de todo corazón que hayáis aprovechado los días de asueto para leer, que no sólo de procesiones vive el hombre. 

Decía la escritora española Carmen Conde

La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano.

En la última entrega de Pasen y lean hablamos con un joven poeta,  Israel Álvarez Bejarano (1986) nacido en Huévar del Aljarafe, municipio de Sevilla. Lleva escribiendo y sumergido en el mundo poético desde los 18 años. Actualmente cursa el Grado de Historia en la Universidad de Sevilla. Su poesía bebe del poderoso estilo de Walt Whitman y la elegancia y musicalidad de Pablo Neruda. Otros autores que se denotan en sus composiciones son Bécquer, Antonio Machado, Rubén Darío y Arthur Rimbaud.

Ha participado en el Certamen Andalucía Joven de Poesía del Instituto Andaluz de la Juventud, así como en el XIII Certamen de Creación Joven del Ayuntamiento de Sevilla y en el Premio Adonáis de Poesía. Autor miembro del Centro Andaluz de las Letras, ha publicado en diversos medios o blogs digitales relacionados con la literatura y la cultura, como Bubok, Groenlandia, Cinosargo, El coloquio de los perros, Palabras Diversas, Palpitatio Lauri o Revista Nueva Grecia. También está incluido en el directorio de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES), así como en varias antologías poéticas como la Antología de Poetas Andaluces, Antología de Poesía Universal y Antología de Poetas del siglo XXI. Ha asistido a la Feria del Libro de Madrid en 2013 y a la Feria del Libro de Sevilla en 2014. También ha participado en varios recitales, como el recital joven de Poesía Ya de Barcelona.

Si queréis escuchar lo que nos contó (y otras muchas cosas de las que estuvimos hablando en el programa)... 

jueves, 9 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Guillermo Cabrera Infante.

Offenbach

Guillermo Cabrera Infante




Aparición de

Jaime Diego Jacobo Yago Santiago Offenbach llegó a nuestra vida, sin todos esos nombres, hace exactamente seis años, sin previsión y de repente, como los milagros. Sucedió que un día fui a ver a un amigo, a quien yo visitaba a menudo, y allí estaba, imprevisto, imprevisible, Offenbach, entonces un largo gato flaco y blanco que se subía por las cortinas y casi trepaba las paredes para luego venir a mi regazo, de un salto inaudito, comenzó a hacer los más extraños ruidos oídos jamás por mí: así debían cantar las sirenas. Al otro día llevé a Anita y a Carolita, mis dos hijas, a que lo conocieran. También iba Miriam Gómez. (Aquí tengo que hacer un paréntesis deshonroso: es necesario decir que Miriam Gómez siempre quiso, ya desde Cuba, tener un gato siamés y que yo, que había tenido de niño toda clase depets, desde cernícalos hasta una jutía, que es como una rata gigante y herbívora de los campos de Cuba, yo siempre había sentido un innato disgusto contra los gatos, y me negué a tener uno, siempre.) Offenbach, que aún no era Offenbach, tenía solamente dos meses de nacido.

Conquista de… unos y otros

A la semana de haber conocido a Offenbach la novia de mi amigo viajaba a Gibraltar y ellos no tenían quien se ocupara del gato. Decidimos todos que viniera a casa por esas dos semanas. (Para completar la ocasión fausta, a mi amigo se le había declarado una fuerte alergia nasal producida por… ¡el pelo de gato!)

La conquista fue rápida y mutua: Offenbach había encontrado su hogar definitivo, el sitio a que estaba destinado, y nosotros habíamos encontrado al gato pródigo. De más está decir que cuando su dueña entre comillas regresó de Gibraltar ya no era la dueña: ella misma se encargó de decir que habíamos nacido el uno para los otros, y viceversa. Offenbach, por mutuo consenso, se quedaría a vivir en casa.

El porqué de un nombre

Todos preguntan por qué Offenbach se llama Offenbach y cuando digo por qué nadie quiere creerlo. Sucede que en los primeros días Offenbach solía cantar. A veces lo hacía a las dos de la mañana y su canto era tan poco melodioso que ofendía a Bach.

Ruidos raros

También a medianoche Offenbach solía visitar nuestra cama para hacer los más raros ruidos. Al principio creímos que se sentía solo o mal y la mejor manera de calmarlo era pasarle la mano por el lomo. Pero esto sólo hacía aumentar los ruidos raros, hasta que supimos que eran ronroneos de felicidad y contento.

Offenbach cambia de casa

Hay una vieja regla inglesa que declara a los gatos más amantes del lugar que de sus dueños, y así hay miles de gatos abandonados en toda Inglaterra, simplemente porque sus dueños cambiaron de casa y decidieron dejar el gato detrás. Con Offenbach ocurrió todo lo contrario: él entró primero que nadie en la nueva casa y pronto estaba tan feliz, más feliz, que sus dueños: no era la primera, ni sería la última regla que Offenbach rompería.

¿Nadie es dueño de un gato?

Siempre había leído y oído decir que nadie es verdaderamente dueño de un gato, que se trata de una asociación libre que el gato puede romper cuando menos se lo espere y desaparecer para no volver jamás. No ocurre así con los siameses, a los que algunos llaman los gatos-perros, aunque en su nativa Siam eran llamados los gatos-monos. Offenbach es un siamés con puntos de lila.
Pedigree de

Offenbach es el único inglés de esta casa y aunque él se siente mejor al calor del sol, raro en Londres, sus padres y sus abuelos nacieron en Inglaterra. Fue por casualidad que supimos su pedigree: para nosotros Offenbach podía ser un gato de callejón y todavía ser el centro de la casa: nosotros también somos egipcios. Pero sucedió que un día nos vimos forzados a castrarlo –los siameses son criaturas eminentemente sexuales– para terminar con sus celos que lo torturaban y nos perturbaban. Seguimos la indicación de un veterinario, famoso porque escribe libros sobre gatos y perros, a cuya consulta asistimos.

Al llegar a la consulta y ver el veterinario a Offenbach nos preguntó si teníamos su pedigree. Los siameses con puntos de lila son una creación de los criadores ingleses y más raros que el siamés corriente, ese que tiene manchas de café en la cabeza y en las patas y en la cola. Nosotros ni sabíamos ni nos interesaba el pedigree de Offenbach. El veterinario nos preguntó a quién pertenecían sus padres y sólo pudimos decir quién nos lo había regalado, que a su vez lo había recibido de un cantante de pop. El veterinario consultó su memoria y pronto supimos que Offenbach era nieto de una gata propiedad de George Harrison, el músico Beatle. Pero todavía hay más: había una enfermedad de la realeza, como la hemofilia rusa. Offenbach era nieto de un gato de nombre impronunciable que había pasado a toda su progenie una enfermedad fatal del páncreas. Así supimos que todos los hermanos y primos de Offenbach estaban muertos, atacados de repente y por vómitos incoercibles. Offenbach había pasado el periodo peligroso y ahora está vivo solamente porque todas sus comidas llevan polvo de páncreas y no hace más que dos comidas al día, aunque él se las arregla para estirarla a tres. (Más más adelante.)

Como antes, mejor que antes

La castración no afectó a Offenbach más que en su relación con las gatas. En sus relaciones con nosotros si acaso se hizo más afectuoso y mimado. Ahora bien, Offenbach nunca ha abandonado la casa. Excepto por dos veces que se cayó de una ventana trasera abierta al verano al patio de abajo, lo que nos hizo recorrer todos los patios de la vecindad hasta acceder al patio indicado y encontrarlo más aterrado que aventurero.

Offenbach y los gatos

Offenbach jamás ha conocido la relación con otro gato y siempre se ha negado a reconocerse como tal: él se cree de veras un ser humano y, aunque esta creencia es siempre fatal para los animales, su comportamiento es tan humano que Miriam Gómez lo llamó un día “un gato animado”, recordando los gatos de Walt Disney et al.

Una vez un pintor amigo nos hizo atravesar Londres hasta Hampstead para que Offenbach conociera su gata siamesa, Zuzu. Todo iba bien por el camino (Offenbach no teme subir a un auto, solamente subir a un taxi, recordando tal vez que éste es el vehículo en que lo llevamos al veterinario, donde siempre ha sufrido heridas y pinchazos), pero, no bien llegamos a la casa, se engrifó, comenzó a escupir y se quedó aterrado en un rincón. Ver a la gata para él fue como para nosotros ver el demonio encarnado. Al regreso a la casa, Offenbach vomitó y defecó en el pasillo, como para demostrarnos físicamente su malestar espiritual.

A veces Offenbach añora las aventuras de los gatos que se ven por la ventana que da al patio, pero es una añoranza lejana, como si esos gatos fueran héroes de leyendas borrosas.

Un día ocurrió la confrontación inevitable. Compramos un espejo, que vino cuidadosamente envuelto. Curioso como todos los gatos, Offenbach quiso ver lo que contenía el paquete. Desempaquetamos, pues, el espejo que quedaba apoyado en el suelo a su altura y, no bien se vio, quedó fascinado con el espejo, tanto que le dio la vuelta, buscando su imagen que desaparecía en los bordes. Finalmente se enfermó ese día: tal vez acababa de reconocerse como gato. Lo cierto es que el espejo, que está en un extremo del pasillo, a la altura humana, aparece a menudo manchado en su parte inferior, con huellas que parecen de una nariz húmeda o de un lengüetazo. ¿Se habrá enamorado Offenbach, otro Narciso, de su imagen en el espejo?

El tercer gato

El tercer encentro de Offenbach con otro gato ocurrió un día que se apareció en la vecindad (el barrio está poblado por las más variadas especies gatunas) un gatico negro y joven, al que pusimos por nombre Blackie. Blackie era el gato más inteligente que hemos conocido y dio prueba de ello de una manera decisiva.

Blackie había visto a Offenbach sentado en mi mesa-escritorio y pegado a la ventana trasera, y ya desde abajo le intrigó este gato blanco y distante. Pronto atravesó todos los patios aledaños, salió a la calle de al lado, dio la vuelta a media manzana, seleccionó nuestra puerta entre tantas otras en la cuadra y vino a pararse en la ventana delantera, sentado en el poyo. (¡Ese periplo de Blackie es solamente comparable al de un ser humano entrando en un laberinto y encontrando la salida ipso facto!)

Hicimos entrar a Blackie, el pobre, tan amistoso como era, pero Offenbach lo rechazó violentamente y por primera y única vez en su vida atacó a Miriam Gómez que lo tenía cargado. Desde entonces, para dejar entrar a Blackie en la casa y darle de comer, había que encerrar a Offenbach en un cuarto primero.

Desgraciadamente, los días de Blackie en este mundo fueron pocos. Adoptado por una vecina, quien le había comprado un collar contra las pulgas, amaneció un día muerto, atropellado por un auto la madrugada anterior.



Aspecto de

La primera impresión que causa Offenbach es la de ser un gato extraño. Inmediatamente esta impresión es sustituida por la apreciación de su extraordinaria belleza. Largo y flaco, Offenbach tiene una cabeza pequeña y triangular y dominada por sus grandes ojos azules, hechos aún más azules por las manchas color lila que tiene en las orejas y el hocico. El resto del cuerpo es delgado y fuerte con una piel de raros tonos beige o, a veces, rosa pálido, que se vuelve morada en el rabo largo. Pero muchos días Offenbach amanece nevado y todo ese día es un gato color de hielo. Otras veces su tono beige se hace más oscuro y se vuelve como de caramelo, de algodón de azúcar fresa, de chocolate con leche, variando de hora en hora.

Offenbach es sumamente afectado y consciente de la tremenda impresión que produce su primera aparición. Así, camina poniendo una pata delantera delante de la otra, para parecerse a Marlene Dietrich en sus mejores tiempos, mientras la parte trasera de su cuerpo se mueve con el ritmo de un pugilista o de un cowboy del cine. Esta aparición hermafrodita causa asombro en quienes lo ven por vez primera y no han visto todavía su trote de tigre o su andar cauteloso de pantera en acecho, mientras embosca a su juguete preferido: una tapa de corcho o una bolita de papel. (Aquí habría que hablar de los juguetes de Offenbach, de cómo ha rechazado ratones de plástico animados para volver a sus viejos corchos o cómo, de un solo viaje, destroza un león de peluche y se lo come –de hecho se tragó medio león un día y estuvimos una semana esperando su muerte inminente, pero echó la mitad del león como se la había comido, con su centro de alambre saliente pero sin lastimarlo, milagrosamente.)

Offenbach y las hierofanías

Offenbach tiene un lugar reservado en la cocina para su comida, en un plato doble de plástico amarillo, colocado sobre un doyle de goma. Allí está también su platillo para la leche, un jarro con agua y, a veces, su vasija para las vitaminas B de adulto, que devora de tres en tres cada mañana.

Miriam Gómez, por su parte, ha colocado sobre mi buró una hierofanía: una copa de agua para los muertos de la familia, especialmente para mi madre. Desde el primer día que Offenbach la vio, decidió que la copa de agua era para él beber y dejó de beber en el jarro que tiene en su rincón para venir a saciar la sed encima de mi mesa de trabajo. Desde entonces se le incorporó al ritual, y no es raro ver a Offenbach venir y beber sobre mi mesa mientras escribo. No hay mejor compañía para la soledad del escritor de larga distancia.

El lenguaje de

Offenbach se comunica con nosotros con algo más que maullidos. Su repertorio de sonidos forma un lenguaje peculiar al que el oído adiestrado busca y encuentra significados.

Brrr es un ronroneo de placer y de contento.

Burrr es el ronroneo alargado hasta una forma de protesta: no hay que seguir acariciándolo, o se le debe acariciar en otra parte del cuerpo.

Miau es el saludo de por la mañana. Una especie de buenos días que Offenbach nunca deja de dar.

Miauuu es para pedir algo: desde la comida hasta que se le abra una ventana y sentir el olor del jardín.

Miuu es siempre una advertencia: significa que él está presente y por tanto se le puede pisar o, lo que es peor, pasar por alto.

Miu es un simple saludo a cualquier hora del día.

Miawou es el saludo a quienes regresan a la casa. Es también una forma de queja: ha estado demasiado tiempo solo.

Mia miau es una exigencia: la comida que se retrasa o alguien no quiere cargarlo o cederle un asiento.

Miau simple pero seguido o precedido de un bostezo, es soberano aburrimiento: no hay que olvidar que Offenbach es un purasangre y toda actitud en él es francamente soberana: no pide, exige.

Miaourrru es cuando quiere jugar.

Rorroua es siempre un rugido: un atavismo de la selva o rezagos del macho que todavía hay en él.

Hay muchas más entonaciones del maullido, pero se quedan para otro tratado: el lenguaje animal al nivel humano.

Otras voces, otros hábitos

Offenbach tiene un más amplio registro de voces, es solamente mi pobre transcripción que la limita.

Offenbach es tuerto. Es decir, no tiene visión –y con todo es imperfecta– más que en un ojo. Este defecto lo ha hecho, entre otras cosas, adoptar la costumbre de saludar, a quien llega a la casa por primera vez o después de mucho tiempo de no venir, subiéndose al regazo del visitante y acercando su nariz hasta la nariz del recién llegado. Es una forma especial de su saludo, pero pocos saben comprenderla.

Otro hábito de Offenbach es hacerse el centro de atención. Así en una reunión él busca siempre la sección de oro del grupo y allí, donde convergen todas las líneas de atención, se sienta él, adoptando a veces la pose de la “gallina empollando”, que es sentarse con todas las patas debajo del cuerpo y hacerse una compacta bola de pelos. Otra manera de atraer la atención cuando ésta es monopolizada por un periódico, por ejemplo, es venir a sentarse precisamente sobre la noticia que está uno leyendo. Cómo consigue tal precisión, es uno de sus misterios. Otro misterio suyo es saber, como él lo sabe, quién viene a la casa. Aunque vivimos en la planta baja de un edificio de cuatro pisos, donde entra y sale mucha gente, Offenbach sabe siempre cuándo es Miriam Gómez o Carolita, por ejemplo, quienes vienen, y aunque ha estado semidormido hasta ahora va corriendo a la puerta del apartamento a saludar a quien llega. Este alarde de presencia se hace particularmente agudo cuando se acercan las cuatro de la tarde, hora de la comida. Entonces Offenbach espera el regreso de Carolita de la escuela o acosa a Miriam Gómez por toda la casa para obtener su cena rápidamente.

Siempre se acerca él a la puerta a saludar a quien llega, después que la puerta se ha abierto –excepto cuando se trata del limpiador de ventanas, de quien corre a esconderse debajo de la cama, reptando hasta ocultarse del todo y sin salir de allí hasta que se va el limpiaventanas–. ¿Qué ocurrió entre Offenbach y el limpiador de ventanas? Nadie lo sabe. Este misterio se hace más espeso cuando digo que antes eran dos los limpiaventanas y llegaban con su escalera ambulante especial y terminada en punta. Pensamos que tal vez Offenbach le tenía miedo a esta escalera extraña, tan diferente a la escalera propia, donde él se sube el primero cuando la abrimos por cualquier motivo. Pero luego vinieron otros limpiadores sin escalera, y su miedo era igualmente pánico. Ahora es otra persona el limpiaventanas, un muchacho como de unos veinticinco años: a él también le tiene terror Offenbach. Quizás un día desvelemos el espeso misterio: ¿trauma infantil?, ¿atavismo?, ¿reacción pavloviana? Tal vez ni Pavlov, ni Freud, ni siquiera Lorenz, puedan explicar este comportamiento: Offenbach nos tiene acostumbrados a más de una muestra de conducta desusada en un gato. He aquí unas pocas.

Cuando alguien llega a la casa de visita y se queda solo en una habitación, Offenbach nunca se va de allí hasta que volvemos a la reunión. Nosotros bromeamos que el él nuestro gato-policía pero hay más que una broma en su comportamiento. Como hay más que una broma en su costumbre de no dejarme trabajar tarde en la noche, como yo acostumbraba, y el hábito gemelo de despertarme con un maullido particular a las nueve de cada mañana. O su extraordinaria habilidad para abrir puertas. O su peculiar sentido del humor. Sabido es que los gatos son animales sin humor, que se toman terriblemente en serio y que no soportan, como los perros, las bromas. Offenbach no es menos gato que los demás a este respecto, lo que sí es curioso es verlo gastándonos bromas. Para mí él tiene reservada una particularmente apropiada. Cada tarde, después del almuerzo, yo me siento a leer los periódicos y revistas en una silla en la sala. Ésta es mi silla. Todos los saben, incluso Offenbach. Pero en sus días jocosos no es raro verlo correr hacia la silla en cuanto me ve terminar de almorzar y encaminarme hacia ella para sentarse antes que yo. Su broma se continúa por su completa posesión del mueble, agarrado a sus travesaños como un náufrago a una balsa. Si intento levantarlo tendría que levantar la silla junto con Offenbach. La broma culmina siempre con la llegada providencial de Miriam Gómez que me conmina por todos los medios a dejar a Offenbach ocupar mi lugar: su diversión favorita.

Otra costumbre favorita de Offenbach es ocupar mi silla de trabajo. Ésta queda trabada debajo de la mesa de manera que más parece una gaveta que una silla: muchas veces cuando yo vengo a trabajar me encuentro la “gaveta” ocupada. Tengo entonces que cargar a Offenbach como si fuera un niño y depositarlo junto a la calefacción y debajo de mi mesa y además convencerlo con palabras ad hoc de que no debe irse: nadie comprende, hasta que tiene uno, la extrema susceptibilidad de los gatos.

Offenbach hace una tercera comida al día: ésta es la comida compartida con nosotros su familia. Pocos minutos antes de la hora de la cena él se sube a la mesa y sentado hierático espera que se sirva la comida. Casi nunca dice nada, excepto por un leve bostezo de aburrimiento cuando a veces la comida tarda demasiado. Cuando la mesa está servida, él mira sentado uno a uno a los comensales, todavía esperando. Offenbach espera ser alimentado de lo que comamos nosotros y, aunque rechaza toda carne que no sea conejo en su comida de por la tarde y pescado en la de por la mañana, él acepta comer de lo que comamos: pollo, carne de vaca, ternera, cordero, puerco, etc., etc. Muchas veces ha llegado a comer de la salsa preparada por Miriam Gómez y otras veces ha comido hasta papa y arroz, para desmentir a los que creen que los gatos no pueden ser vegetarianos: Offenbach, en la mesa, se muestra omnívoro. Es más, su amor por la comida compartida lo ha llevado hasta comer de nuestros postres: una hazaña increíble para todos los que saben que los gatos detestan el dulce, ya que sus papilas gustativas rechazan el sabor dulce tanto como las nuestras rechazan el sabor amargo. A veces, cuando la comida es totalmente vegetariana, Miriam Gómez le prepara a Offenbach un platillo con crema de leche, que él bebe sobre la mesa. Siempre que prueba de nuestra comida, va de comensal en comensal pidiendo silencioso, sin jamás mendigar, como haría un perro. Cuando ha probado de todos los platos, se baja de la mesa tan silencioso y rápido como subió a ella. Lo más curioso es saber que Offenbach sube a la mesa por las tardes, ya que al medio día siempre almorzamos ligero: una sopa, un sándwich, una tortilla: comidas todas que no tienen el menor interés para él. Su momento malo en la mesa llega cuando tenemos visita a comer: hay que encerrarlo en un cuarto hasta que esté terminada la cena. Es entonces que sale y se refugia en cualquier rincón, lejos de los seres humanos que lo han ofendido relegándolo a su ostracismo.

Offenbach y el universo

Alguen me preguntaba una vez cómo había afectado mi vida la llegada de Offenbach. Dije o creo que dije que mi vida se podía dividir en antes y después de Offenbach. Lo mismo ocurre con la llegada de mi mujer, Miriam Gómez, a mi vida, o de mis hijas. Pero estos últimos son cambios previsibles. El cambio con la llegada de Offenbach fue totalmente inesperado: yo estaba dispuesto a tolerar un gato en la casa, pero nunca imaginé una asociación tan intensa como la que hemos trabado Offenbach y yo. Mi amor por esas doce libras de pelo, garras y ojos azules llega a dividir los visitantes a mi casa en dos categorías: los que admiran y los que desdeñan, aunque sea levemente, a Offenbach. Los primeros se convierten ipso facto en amigos a pesar de que su incidencia sea tan mínima como la de un técnico desconocido que viene a arreglar la televisión. Los segundos pasan a ser cuestionados en seguida, aun después de años de amistad intensa. Para mí el mundo se ha dividido en dos clases de personas: las que aman a los gatos y las otras. Las otras personas no saben lo que se pierden con no tener relaciones con un gato. A estas últimas les recomiendo adoptar un gato desde ya y, de ser posible, adoptar un siamés, que son a los gatos lo que los perros satos a los otros: los que más dan pidiendo menos.

A través de Offenbach he podido entender el mundo animal de nuevo, que estaba vedado para mí desde que me hice adulto y los problemas humanos vinieron a abrumarme y a hacerme olvidar la sencilla vida animal, sus ciclos vitales y su ausencia de agonía: lo contrario de la agónica vida del único animal que sabe que d muere.

Offenbach es un animal feliz: sus exigencias son bien pocas y, aparte de una comida en la mañana y otra al final de la tarde, no exige otra cosa que lo que él mismo da a granel: cariño, una mano pasada por la cabeza y el lomo, una cepillada ocasional: atención. Pero a pesar de su humanización y de su reclusión hogareña, la vida de Offenbach está atemperada a los ciclos animales y universales: él y el cosmos son la misma cosa, y el gran abismo creado por la conciencia humana es franqueado por Offenbach todos los días con una sencillez admirable: el estoicismo animal es tan natural como la respiración.



¿Todo Offenbach?

Releo lo escrito hasta aquí y me abruma su inanidad: la incapacidad de mi escritura para atrapar la esencia de lo que es Offenbach. Quizás algunas anécdotas puedan si no llenar por lo menos rodear ese vacío.

Un día Néstor Almendros vino a Londres y, como estaban los hoteles llenos, se quedó a dormir en casa. A media noche se despertó soñando que lo devoraba un tigre –y al despertar de la pesadilla se encontró con la cabeza de Offenbach que, sentado sobre su pecho, lo miraba dormir.

A Offenbach le gustan las escaleras, recuerdos tal vez de sus antepasados en las selvas siamesas. No hay para él mayor placer que Miriam Gómez saque la escalera de mano para alcanzar algún objeto del desván: en cuanto la abre, allí está Offenbach, salido de la nada, subendo el primero los escalones como un trapecista ebrio.

Offenbach tiene un colmillo partido. Esto le ocurrió al tener un accidente de caza con una ventana: velaba allí unas palomas a las que Miriam Gómez había echado comida en el poyo y, después de muchos asedios y emboscadas, saltó Offenbach sobre la imagen de la paloma más cercana a través del cristal límpido, contra el que dio de boca, partiéndose un colmillo. Desde entonces se le conoce en la casa como el Jefe Colmillo Frágil.

La curiosidad de Offenbach no tiene límites animales: basta que alguno de nosotros se pare frente a las ventanas que dan a la calle, para ver a Offenbach, detrás y abajo, tratando de mirar lo que miramos por todos los medios, llegando a maullar para que lo carguen o a subirse sobre el televisor y alargando el cuello mirar él también lo que miramos.

Un día llegó a la casa la bella G. Ch., de visita breve, y Offenbach, tal vez reconociéndola, extremó su caminado a la Dietrich para emerger de la sala al estudio y para flechar para siempre a la visita: lo mismo hace con cada visitante receptivo a los gatos.

Ver lavarse a Offenbach es una muestra de elegancia suma. A veces adopta poses tan desusadas –una pata trasera extendida y agarrada por las dos patas delanteras, mientras con la otra pata debajo de sí guarda un equilibrio tan precario como elegante–. Verlo es creer que él sabe que ofrece un espectáculo inusitado: la pose natural imposible de alcanzar por el ser humano más afectado.

Ver comer a Offenbach o tomar agua es otro deleite: no puede haber mayor finura en actos tan animales. Su lengua sube y baja desde el agua con una regularidad metronómica, y, al comer, muerde gentilmente la carne y la engulle poco a poco, apenas masticada por sus débiles dientes.

Offenbach es un espectáculo digno de verse hasta durmiendo, sobre todo dormido. Los días de sol él se regala con la luz y el calor, estirando una pata hacia delante mientras coloca sobre ella la cabeza a manera de almohada. Los días fríos se recoge como una gallina empollando junto a uno de los radiadores convirtiéndose en una verdadera bola de pelos, nada más que la cabeza saliendo de entre su abrigo natural. Otras veces coge de almohada los más disímiles objetos: el cable del teléfono, la pata del radiador, el suelo mismo, mientras su cuerpo descansa sobre un cojín. Otras veces…, pero basta.

¿Es esto todo Offenbach? No: ni siquiera he comenzado.


Serie escritores con gato. Chester Himes.

Harlem está habitado por quinientas mil personas de color, y en él existen tantos agujeros donde ocultarse que hasta una paloma mensajera se desorientaría.

Chester Himes


miércoles, 8 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Raymond Chandler.

Me gusta la gente con modales, algo de intuición social, una educación ligeramente por encima del Readers Digest, gente cuyo orgullo de vivir no se exprese en sus aparatos de cocina o sus automóviles.

Raymond Chandler


martes, 7 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Allen Ginsberg.

Es cierto que escribo sobre mí mismo, ¿A quién otro conozco mejor?

Allen Ginsberg


lunes, 6 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Philip K. Dick

La Realidad es aquello que, incluso aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece.

Philip K. Dick


jueves, 2 de abril de 2015

Serie escritores con gato. Alejandro Jodorowwsky.

Amo mucho a los gatos...cuando mi padre se murió, a los cien años, no sentí absolutamente nada, indiferencia absoluta....cuando se murió mi gato Mao, que había vivido veinte años conmigo, lloré como un niño... lo sentí profundamente...


Alejandro Jodorowwsky