domingo, 17 de mayo de 2015

Una gota de rocío

Dice el escritor Antonio Gala

La obsesión más antigua del hombre: la de ser amparado, la de adorar a algo superior, a alguien superior, que a él le conviene que exista para no quedar absolutamente solo. 

En nuestra última entrega de "Pasen y lean" hablamos de obsesiones. De obsesiones que se disfrazan de amor de manera que convierten la vida de quién las padece en un drama digno de ser perpetuado en las páginas de un libro. Para hablar de ello contamos con la maravillosa compañía de la Mª Pilar Queralt Del Hierro. Licenciada en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Barcelona, es escritora y ha sido profesora universitaria y editora. Desde el año 2000 se dedica exclusivamente a la divulgación histórica mediante colaboraciones en distintos medios de comunicación a fin de acercar la historia hasta el gran público y para ello aborda indistintamente el ensayo biográfico y la novela histórica. Lo hace en ambos casos con un único eje discursivo: el estudio de la figura femenina.
Entre sus obras destaca la trilogía de novela histórica Inés de Castro, Leonor y La rosa de Coimbra, en torno tres figuras capitales de la historia de Portugal. Su última novela es Las damas del rey calificada por la crítica como «un ameno e instructivo viaje por la Europa del Renacimiento escrito con gran preciosismo literario y cuidado lenguaje sobre una documentación bien fundamentada». En 2012, su ensayo biográfico Las mujeres de Felipe II. Deber y pasión en la casa del rey ha sido galardonado con el IX Premio Algaba (Grupo Anaya) de Biografía e Investigaciones Históricas.


En su último trabajo en el mercado, Mª Pilar Queralt Del Hierro, Una gota de rocío, nos acerca a la figura de María Fernández Coronel, más conocida por su segundo apellido, un personaje extremadamente atractivo de nuestra historia, sin duda uno de los más fascinantes del imaginario popular andaluz. Nacida en Sevilla hacia 1334, moriría en 1409 habiendo ingresado en la orden de las clarisas, donde acudió a refugiarse ante el acoso de Pedro I. Actualmente, su cuerpo reposa en el convento de Santa Inés de la capital hispalense, fundado por la misma. La leyenda entorno a su personaje nace de la trágica solución que parece que María Coronel encontró para alejar de sí a Pedro I: decidida a escapar de los intentos libidinosos del monarca, María se desfiguró la cara. El hallazgo de su cuerpo incorrupto muestra las señales de una horrible quemadura en el rostro, el cuello y el pecho que, tras la última exhumación, realizada en 1993, se achacó a algún tipo de ácido. La tradición cuenta que se arrojó aceite hirviendo en el que fue el último asalto del rey al convento donde se refugiaba para capturarla.

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