jueves, 21 de agosto de 2008

El crimen de la esclava

Os dejo mi artículo publicado en ABC en el día de hoy.

El crimen de la esclava

Jueves, 21-08-08
HACE unos días el noticiero nos deleitó con una de sus habituales informaciones. Al parecer un hombre había pegado una paliza a su pareja en plena calle. Lo cierto es que podría haber pasado como una noticia más de no ser porque un tercero apareció en escena. Jesús Neira, un responsable ciudadano que no conocía de nada a la mujer a la que su maltratador arrastraba por los pelos, se conmovió al ver tamaña crueldad y decidió ayudarla. Como resultado, ahora se encuentra en un hospital madrileño, debatiéndose entre la vida y la muerte. La mujer a la que defendió ha hablado con los medios de comunicación. Asegura estar muy indignada, dice que su maltratador es una bellísima persona y que Jesús Neira no debería haberse metido en medio de su «plácida discusión callejera».
La violencia machista, para nuestra vergüenza, está en primera plana diariamente; noticias, teléfonos de ayuda a la maltratada, asistencias sociales, económicas, psicológicas, anuncios llamando poco hombre al hombre que pega a una mujer... pero ¿qué pasa cuando una mujer justifica las actitudes de su maltratador, cuando decide romper con la orden de alejamiento, cuando retira la denuncia y vuelve a su lado para que la siga esclavizando? ¿Quién tiene la culpa de eso?
El hombre pega a la mujer porque la considera de su propiedad. Como decía Hegel, aparentemente es el amo el que oprime al esclavo, pero en realidad uno no puede vivir sin el otro. El maltratador depende de su esclava. Para que él pueda ser poderoso, ella tiene que ser impotente. Debe temerle, soportarle cerca, ayudarle a ser cruel, asustarse con sus malos modos y, sobre todo, perdonarle y volver a su lado para que él pueda continuar con su rueda de acoso. El maltratador sólo puede serlo si oprime a su esclava, depende de la dependencia de su esclava.
La sociedad arrastra un peso educacional de siglos en el que nos inculcan que el estado ideal de un ser humano es el de estar junto a una pareja con independencia de lo feliz que eso nos haga. En esa educación, traspasada generación tras generación, se defiende el «apechugar con todo», el hacer feliz al macho dominante, el afirmar que es el hombre el que lleva los pantalones, la idea latente de que la mujer llegó al mundo para ser de la propiedad de un hombre y defenderlo hasta la muerte, como haría un perro fiel.
Estamos ignorando el cincuenta por ciento del problema. Están bien las campañas de sensibilización contra la violencia machista, pero quizás deberíamos plantearnos una campaña paralela. Una educacional, no sólo para que el hombre deje de pisotear a la mujer, una que enseñe a la mujer a no dejarse pisotear. Quizás de esta manera no tendríamos que presenciar en los medios de comunicación la lamentable actuación de la tal Sandra que no tuvo recato a la hora de levantar la voz para defender a su maltratador delante de la esposa del hombre que acudió a auxiliarla y que ahora está en coma.
Yo, defensora a ultranza de la mujer y sus derechos, creo que existe otro tipo de crimen a abatir. Un crimen silencioso, sumiso, doloroso... el crimen de la esclava.