sábado, 8 de diciembre de 2007

ENCODE: Lo que determina el futuro es el presente

Dejo el artículo firmado por mí y publicado en ABC el pasado viernes 7 de diciembre sobre el ENCODE.

Este es el enlace para todo aquel que quiera ampliar información. Aquí se puede ver, a todo color y con movimientos y sonidos, todo lo que hicieron (e hicimos) esos días en Málaga.




He tenido la oportunidad de participar en el II Encuentro Sociedad del Conocimiento y Ciudadanía. El ENCODE nació impulsado por la Consejería de Innovación y Empresa de la Junta de Andalucía con la idea de convertirse en un espacio dedicado a la reflexión, y yo creo que un poco a la autocrítica humana. Y es que somos incompetentes a la hora de ver los males cuando quien los padece es el vecino. Como diría la filosofa Mafalda mirando con tristeza el globo terráqueo: “Vos… ni la menor intención de ser mejor, ¿eh?”.
Este año, los protagonistas eran los ciudadanos y ciudadanas y el papel que cumplen dentro de la Sociedad del Conocimiento. Se ha reflexionado mucho sobre “El Conocimiento” con mayúsculas. El conocimiento como bien común que no pertenece ni siquiera a quien lo genera. Vamos, que es el alquiler mínimo que uno debe pagar por habitar un planeta que no es un regalo que nos dejaron nuestros padres sino más bien un préstamo que nos hacen nuestros hijos.
Inauguró ENCODE uno de los ídolos de mi más tierna infancia, responsable de que la banda sonora de todos mis lunes desde que tengo uso de razón sea el I Don’t Like Mondays, tarareado entre bostezos y con los ojillos medio cerrados. Bob Geldof se ha convertido en uno de los más firmes defensores de África desde que organizase aquel mítico “Live Aid” allá por el 85 con el propósito de resolver la hambruna de Etiopía. Poco a poco, el que fuera famoso rockero de los ochenta, ha terminado por convertirse en uno de los más firmes candidatos a recibir el Premio Nobel de la Paz de los próximos años. Bob, se subió al escenario con brío, sorteó con habilidad el atril de ponente y se lanzó a pasear arriba y abajo, llenando cada centímetro e implicando a sus espectadores. Ya se sabe que de casta le viene al galgo. Entre anécdotas de su vida, arañazos a las conciencias de los que vivimos en el primer mundo y mucho sentido del humor, el irlandés señaló que el paradigma definidor de la economía mundial debía ser la cooperación, no la competitividad y que en el siglo XXI va a traer guerras, cambios climáticos y endemias mortales si no somos capaces de cambiar nuestras actitudes. Pero no todo se quedó en previsiones catastróficas. Comentó que España es un lugar que ha crecido y se ha enriquecido sorprendentemente en los últimos treinta años. Eso debería impulsarnos a tener capacidad de autocrítica para innovar porque es de las ideas de dónde nace el cambio y el cambio es imprescindible para avanzar.
Y es que nuestro país, y más concretamente Andalucía, es ideal para fraguar cambios. Sólo tenemos que tener en cuenta que vivimos a 14 kilómetros de la pobreza. Una delgada frontera que no podemos mirar como algo ajeno. Tenemos que olvidarnos de la caridad para con África y comenzar a pagar precios justos por sus materias primas. Tenemos que pensar que, si muriese de hambre un niño europeo cada tres segundos, el planeta se escandalizaría. Eso ocurre desde hace años a poca distancia física de España, y nadie parece conmoverse.
Ya por la tarde se celebró en la plaza ENCODE el encuentro entre personalidades de la talla de Rigoberta Menchú, Ignacio Ramonet, Eduardo Aninat, Hernando de Soto o Manuel Rocha con un grupo de ciudadanos (entre los que me encontraba). Se buscaba tratar temas como la educación para la ciudadanía, responder ante las desigualdades sociales, fraguar un provechoso diálogo entre culturas o debatir sobre la necesidad de acercar internet a cada habitante del planeta con lo que se conseguiría su participación e integración en la Sociedad del Conocimiento. Desde luego lo del acceso global a internet está muy bien pero, como dijo Ignacio Ramonet, es muy democrático exigir un ordenador con conexión a la red en cada escuela, aunque antes tendría que haber escuelas en aquellos puntos geográficos en los que la educación es puro lujo. Ahí tiene razón… la verdad.

Rigoberta Menchú y Nerea Riesco

Tras dos días de reflexión y coloquios en los que escuché a ex secretarios Generales de Naciones Unidas, diplomáticos, economistas, promotores de Foros Sociales, Presidentes de Institutos para la Libertad y el Desarrollo, Premios Nobles de la Paz y potenciales Premios Nobeles de la Paz, dándole vueltas al asunto del arreglo del mundo, se me quedó la sensación de que el globo terráqueo y sus habitantes son un tremendo monstruo inabarcable. De pronto me surgió la duda: Si ellos con sus números, sus buenas intenciones, sus teorías y sus proyectos, se las ven y se las desean para poner en orden el planeta, qué es lo que podrá hacer el ciudadano de a pie, ese que se ve abrumado por la cotidianidad, para a aportar su grano de arena en la consecución de los objetivos planteados en ENCODE. Supongo que hay que ser optimistas, quizás ya sea un avance hacernos pensar que, en la mayoría de las ocasiones, lo importante y lo urgente no suelen coincidir. A veces lo importante, es lo más urgente.
Elijo para terminar una frase de Rigoberta Menchú. Ella nos contó que había personas que desprendían luz y que, si se es una de esas personas, se tiene la responsabilidad de iluminar el camino de los demás. Si por desgracia la luz no brilla en nuestro interior, entonces hay que buscar a alguien que brille, y colocarnos a su lado, para que nos ilumine el camino.
La cosa es sencilla, simplemente hay que descubrir qué clase de personas somos, ¿tenemos luz o necesitamos encontrar quien nos alumbre la marcha? Después solo resta actuar en consecuencia.